Centenares de fieles forman una fila de ocho cuadras para venerar a San Cayetano.

Los fieles aguardan con fervor para llegar ante el santo y pedirle por trabajo y salud o agradecer por distintos motivos.

 

Centenares de personas formaban esta tarde una fila de ocho cuadras a la espera de que abran las rejas de la iglesia de San Cayetano en el barrio de Liniers, donde desde la medianoche podrán ingresar para pedirle al santo cristiano por trabajo y salud o agradecer por distintos motivos.

En el camino a la iglesia, la música de chacareras, el mate compartido, las rondas de oración y los puestos de venta de estampillas, rosarios e imágenes de San Cayetano pueblan las veredas y calles de un barrio en el que, año tras año, los vecinos sienten la fe de los miles de devotos que se acercan desde distintas partes del país a rezarle al patrono del Pan y del Trabajo.
Susana Gómez es una de las “incondicionales” de San Cayetano, que después de años de hacer la vigilia para ver la imagen del santo ahora espera sentada a la salida de una de las puertas de salida del templo a que los feligreses le compren una espiga “bendecida” con la imagen del santo.

“Tengo 76 años y vengo desde los 20, pero ya no pido, solo agradezco por lo que tengo”, contó a Télam Susana, jubilada y madre de cuatro que, admitió, no puede perderse la ceremonia “porque lo necesito. Si no vengo me siento mal”.Según la mujer, más allá de la fe en Dios y en el santo, su principal motivación para ir todos los años es “la enorme alegría en el corazón que me llevo cada 7 de agosto cuando me voy para mi casa. Es indescriptible, me alegra la vida”.

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